lunes, septiembre 14, 2015

Cuando el abuelo murió

Cuando el abuelo murió, el reloj de la sala se detuvo. Mis tías me pidieron que cambiara la pila y lo pusiera en su lugar. La hora que marcaba eran las dos y algunos minutos. No supe si era una coincidencia metafísica con la hora de su muerte o si todos habían estado ocupados los últimos días y apenas se habían dado cuenta que se había detenido.

Cuando el abuelo murió, miré a mi padre subir al púlpito de la Divina Providencia. Escuché como se quebraba su voz mientras agradecía a los asistentes por su compañía. Fue la segunda vez que lo escuché así, la primera había sido hace veinte años cuando murió su madre. Quise abrazarlo. Sé que un día es probable que tenga que hacer lo mismo por él pero no quiero que llegue ese momento.

Cuando el abuelo murió, reviví mis mañanas de niño mientras caminaba al mercado de los dolores e ir por pan dulce con mi padre. Siempre mi abuelo me daba por lo bajo una moneda mientras me despedía de él. Mi pan predilecto eran las donas de chocolate pero cuando quería variar la rutina prefería los ojos de buey o rebanadas de pastel de chocolate.

Cuando el abuelo murió, recordé que un mes antes fui a visitarlo. Su estado era doloroso. Su piel estaba pegada al hueso y dormía. Mi padre lo despertó. Todos sabíamos que era la última vez que lo veía vivo. Me dio la bendición y me dijo: "échale ganas". Siempre fue un hombre de Dios y de palabras sencillas. Cuando el mensaje es claro no se necesita más. No necesité nada más para entenderlo.

Descansa en paz, papá Jesús y gracias por todo. Se le echará de menos.

martes, diciembre 31, 2013

Una noche de nostalgia en la Boutique


Son las seis de la tarde y después de ver una foto de un teclado en su página de Facebook, salgo de mi casa en dirección al Studio Live. Al parecer ya terminaron de montar los instrumentos en el escenario y están realizando la sonorización. Cuando veo que solo esta abierta la puerta lateral del lugar y me paso sin preguntar. Después de los saludos y abrazos me encuentro con una sorpresa. Chito estará en los teclados. Suena que esta celebración de 10 años de Boutique va a ser muy interesante.

El tiempo se viene encima y el soundcheck va con retraso. Los muchachos están en break para comer. No los culpo, la gente que viene a conciertos rara vez se da cuenta de lo estresante que puede resultar preparar una presentación y el estómago vacío no ayuda. El Chino discute el sabor de unas enchiladas suizas con Arce, Alex (administradores del lugar) y Ennie (manager del grupo). Mientras los escucho me pregunto a qué sabe Boutique.

Boutique sabe a amores no confesos y a paréntesis involuntarios; a dos años de espera y a noches en que uno se convierte en lluvia para cientos de veces tocarla. Saben a borrachera de tapanco, mítico lugar en el que hace tiempo no estamos y que dentro de sus muros se resume perfectamente el espíritu de una generación. Boutique sabe a juventud y descaro. A ganas de sonar diferente por que hay vida más allá del (mal llamado) rock en español y un estilo nunca es suficiente para sacar toda la angustia adolescente que uno lleva adentro aunque este rayando los 30's.

Fin del break y regresan a los instrumentos. Comienzan a tocar un par de canciones y de repente un montón de recuerdos se agolpan. Ellos han estado ahí cuando los he necesitado. Bueno, no exactamente ellos. Su música sí. Ellos en realidad están regresando del tiempo que se dieron. Necesitaban bajar la inflamación de la convivencia diaria o solo tenían que extrañarse un poco como se extrañan las relaciones psicópatas que plagan sus canciones, esas relaciones de las que vale la pena escribir.

Mientras ellos estaban recuperándose los fans los recordamos con cariño. De un día para otra se acabaron las presentaciones más o menos regulares y solo nos quedaron sus discos guardados en celulares y las ganas de revivir la nostalgia de cuando éramos un poco más jóvenes y las cosas no importaban tanto. Tiempos con más cabello y menos kilos.

Termina el soundcheck y yo decido darme una vuelta por el centro de la ciudad en lo que inicia la presentación. El clima suma a la melancolía mientras paso por una tienda de autoservicio y me compro un chocomilk en cajita para brindar por los buenos tiempos.

Un par de horas después regreso a Studio Live. El ambiente rebosa de expectativa. A pesar de llegar temprano comienzo a ver varias caras conocidas. El lugar comienza a llenarse de gente.

Los buticos llegan uno a uno. Abraham viste un traje gris y cobarta, atuendo que contrasta con el desenfado del resto de los muchachos. Así es el guitarrista; gusta de cuidar de los pequeños detalles, de estresarse porque todo salga bien.

Mientras Dzooms comienza a calentar el lugar con un post-punk coqueto las caras conocidas llegan. Los saludos y abrazos vuelan de aquí por allá. Al poco tiempo las anécdotas comienzan a fluir. No es solamente una reunión de una banda, esto es algo más.

Finalmente llega el momento que estábamos esperando. Boutique se sube al escenario y revienta el lugar con la energía que siempre han desprendido cuando están allá arriba, en ese lugar de donde no debieron de bajar nunca, detrás de sus instrumentos.

La gente ríe y baila. Corean las canciones que tantas veces tararearon a solas e intercambian sonrisas cómplices como si conocieran que al fin este es su espacio, donde no hay extraños porque la música los unió hace tiempo.

El Chino invita a Chito para tocar Color Alcohol y manda saludos a Luis Ma quien antes la cantaba. Luis Adolfo acompaña dramáticamente está balada y Mateo en el bajo hace lo propio. De repente me cae el veinte de porque me gustan tanto estos chamacos.

Boutique llegó en un momento en el que se reiniciaba una pequeña escena musical en la ciudad. Habían pasado muchos años sin que hubiera una propuesta y ya sonaban lejanos los guitarrazos de una banda llamada "La Bruja".

La ruta estándar para buena parte de las bandas de rock en Zamora era tocar covers de esa corriente que llamaron rock en tu idioma y que en el 2003 ya comenzaba a oler a rancio (algunos aún lo hacen).

Estos muchachos decidieron tomar elementos del pop, rock, country, bossa nova, funk y meterlos en una licuadora. Todo esto sumado a letras que visitan lugares encatadoramente inusuales dan como resultado una mezcla que sigue enchinando la piel de muchos por lo atemporal de su sonido.

Al platicar con algunos de los muchachos sobre el futuro de la banda no pude llegar a una conclusión unificada. El futuro para Boutique es incierto pero en los tiempos que corren las certezas son un lujo y por eso vale la pena disfrutar el momento.

La noche sigue con canción tras canción, euforia, gritos. Mientras coreo una de las últimas letras que sonarán en esta presentación pienso que hoy valió la pena. Valió la pena porque por una noche volvimos en el tiempo 8 años. Lo valió porque visitamos ese tapanco donde la fiesta se mezclaba con los besos furtivos y las risas alocadas. Valió la pena porque, al menos por hoy, todos volvimos a ser Boutique.


jueves, septiembre 12, 2013

Paseos ciclistas nocturnos de Guadalajara, los odio

11 de septiembre del 2013

Esta relación solo tiene un objetivo, catarsis. Estoy encabronado y a continuación les comento porque.

Iba caminando con mi hermana después de ir a cenar alrededor de las 11:20 pm por Agustín Yáñez casi esq. Francisco de Quevedo, cuando un contigente de un paseo ciclista pasó a nuestro lado.

En ese momento hablaba por teléfono con mi padre (una disculpa a Ramiro Hernández por no seguir su recomendación) cuando empecé a escuchar gritos por parte de los participantes del paseo. En un primer momento no entendía muy bien de que iba el jaleo pero momentos después observé que los gritos eran para nosotros y el contenido de los mismos iba más o menos en este tono:

- Agárrale la mano.
- Dale un beso.
- Agárrale la nalga.
- Llevátela a parchar.
- Yo te ayudo.

Esos entre los que pude percibir.

Fue tal el volumen de los gritos que decidí colgar a mi padre y seguir caminando más rápido con mi hermana que se reía nerviosamente a mí lado.

Cuando pasó el contingente miré a los policías y encargados del paseo que van hasta el final. Ellos se limitaron a voltear la cabeza hacia otro lado. Al parecer ahí no había pasado nada, o al menos nada diferente a cada uno de los paseos que les toca asistir.

Reflexiones

Los paseos ciclistas surgen ante la necesidad de posicionar en la agenda pública la movilidad no motorizada. La gente decide asistir a esos paseos como una oportunidad de hacer ejercicio y pasar un rato de esparcimiento. Entiendo sus razones, pero ¿por qué chingados tenemos que soportar que nos falten el respeto cuando pasan? ¿Acaso el quemar calorías o no contaminar les da una cuota libre de consecuencias para hacer lo que se les dé la gana?

Es como la historia del perro que se come al gato y el gato que se come al ratón. Los ciclistas sufren el acoso continuo de los automovilistas, pero cuando tienen la oportunidad se ensañan con los peatones. Bonita cosa.

Una de las ideas que se me ocurren al vuelo para que esto no vuelva a ocurrir es seguir las propuestas del decrecimiento. Los problemas con los paseos inician cuando la masa crítica se vuelve masa idiota y como un efecto de bola de nieve, después del primer grito el siguiente lo tiene que superar en “picardía” y arrojo. Se suceden los gritos y la inercia de la masa sigue su curso hasta convertirse en una masiva falta de respeto hacia los peatones. Si se comienzan a hacer paseos en grupos más pequeños es posible que tales muestras se minimicen ante la reducción del anonimato.

Lo más triste del caso es que hace algún tiempo era partidario de esta agenda. Creía en los paseos ciclistas como forma de apropiarse de la "jungla de asfalto" (hipercliché), participé en masas críticas, congresos ciclistas y ciclovías ciudadanas. Usaba mi bici para ir a la universidad y me interesé en formas eficientes para transportarme.

Poco a poco los ciclorreligionarios me fueron perdiendo. Su estrechez de miras y su devoción fanática a la bicicleta como solución a los problemas urbanos me dieron náuseas y me hicieron pensar que más que buscar una respuesta a los problemas de movilidad de las ciudades a ellos les gusta andar en bicicleta y restregárselo a la gente, como las señoras devotas que les gustan que las vean cuando van a misa.

Ciclistas, entiéndanlo, si sus acciones no resultan en una mejor convivencia, no tienen sentido y merecen desaparecer.

Darío Beltrán

@astro_mono

domingo, agosto 18, 2013

Domingo por la mañana


Despierto y un agradable aroma entra por mi nariz.

¿Dónde estoy? Miro una pintura borrosa en la pared y en la medida que toma claridad los recuerdos de la noche anterior regresan a mí.

El aroma.

Su aroma.

Fue una buena noche.