domingo, diciembre 05, 2010

Cómo me gusta el café

El café me gusta con poca azúcar, a lo mucho dos cucharadas pequeñas si me encuentro con el ánimo suficiente, aunque prefiero más las infusiones acompañadas con leche condensada. También me gusta una plática que no me aburra; como una buena lista de reproducción musical o un intercambio íntimo, debe de tener momentos intensos y momentos suaves, y debe de llegar a un final porque la eternidad se me antoja agobiante.

Últimamente he dejado de creer en muchas cosas que creí mucho tiempo y definitivamente me siento más feliz. Por ejemplo, dejé de creer en mis discursos megalomaníacos y estoy planeando una vida sencilla, con placeres sencillos y pocas pretensiones. Mediocre dirán algunos, satisfecho me diré yo solo. Y es que llegué a estar tan presionado por mí mismo que al final solo me quedaba en la quietud anestésica del que piensa mucho y no hace nada.

He aprendido que a veces uno sale lastimado y no hay mucho que se pueda hacer para evitarlo. Alguna vez me sorprendí disfrutando ese dolor emocional que aflora con un poco de alcohol y unos compases de mariachi y que es como si después de un raspón olvidaras el ardor que produce y tomarás conciencia de tu carne viva. Las nuevas sensaciones son sorprendentes.

Hace unos días alguien se presentó conmigo y no era Lolita, ni Doña Juana, ni Alaska. Me cayó bien como la primera vez que probé infusión con leche condensada.

3 comentarios:

  1. Hace no más de 6 meses que probé el té Chai, me hace sentir extraña como si emanara de mí un suave perfume. El jueves por la tarde me vendria muy bien tomar uno después del MAZ.

    ResponderEliminar
  2. Me parece bien el jueves. Después hablamos de la hora.

    ResponderEliminar
  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar