miércoles, mayo 08, 2013

El abuelo se ha ido


Ha muerto el abuelo.
Como persona no religiosa este tema es muy importante y lo tengo muy claro. ¿Qué hay después de la vida? Nada. Cuando alguien muere, se acaba todo. Todos los recuerdos, los pensamientos y demás cosas que hacían a una persona desaparecen. No existen más.
Mi abuelo murió, todo lo que era por sí solo ha desaparecido. No puedo decir que vive a través de nosotros porque eso es una mentira. Él ya no está y yo no soy él, nunca seré él y nadie más lo será.
A los pocos momentos que me enteré de la noticia me imaginé a los médicos haciendo esfuerzos por regresarlo, me enojé un poco porque no lo dejaron morir en paz pero ellos solo hacen lo que les han enseñado.
Lo que me han contado de sus últimas visitas al hospital se resumen con él queriéndose quitar las sondas o abriendo un poco más la llave del suero para poder salir más rápido de ese lugar. Típica actitud suya. ¿Irresponsable? Un poco. ¿Llena de coraje? Totalmente.
Esas ganas de morir en la raya y no en la cama es solo una de sus enseñanzas. No es que el abuelo me sermoneara alguna vez, lo que le aprendí fue con el ejemplo.
En un viaje a la playa, al estar caminando sobre un área rocosa resbaló y se clavó un erizo de mar. Bajó de ese lugar y no recuerdo que se quejara, el dolor estaba ahí pero el decidió que no importaba y pensé que uno podía aguantar el dolor. Tiempo después, mientras trabajaba en el taller de mi madre, me corté. Comencé a llorar y mi mamá me contó que el abuelo se hacía peores heridas y no decía nada, bastaba con un vendaje ligero y seguía trabajando. Me dio mucha pena y curiosidad. Al sábado siguiente yo solo quería ver las manos del abuelo, primero las sentí con ese apretón de manos juguetón que iba acompañado con un poco de abuso físico cariñoso (tan Gómez Peña) en forma de cosquillas o golpesillos. Se sentían asperas y llenas de callos. Cuando las miré parecían unas manos maltratadas llenas de rayas que no eran naturales. Lo respeté más.
Recuerdo el tiempo en que la primera tanda de nietos eramos muy pequeños. El abuelo llegaba los sábados mientras nosotros ya estabamos reunidos en nuestro "refugio" de cojines esperando al "lobo feroz". Él nos "buscaba" por la casa y cuando nos encontraba se desataba una lucha de almohadazos y cosquillas. Era uno de los momentos más divertidos de cada semana. Con el tiempo crecimos y el refugio dejó de construirse pero el abuelo siempre estuvo ahí.
Él me regalo mi primer caja de herramientas y mi primer cámara reflex. De él aprendí que era la serigrafía y como se hacían esas coquetas cajas transparentes donde se ponían los ramos de novia. Bebí café irresponsablemente en su fábrica de Ario y me divertí jugando en su regazo cuando aún era muy chico. Siempre fue muy cariñoso y chiqueador. Entiendo que para sus hijos puede que haya sido un padre áspero y severo pero con los nietos fue puro cariño.
De niño cuando me preguntaban "Darío, ¿qué quieres ser de grande?" Respondía muchas cosas: arqueólogo, paleontólogo, explorador; pero hubo un buen rato que me quedé estacionado en una profesión. "Quiero ser inventor" decía. Me doy cuenta que el único ejemplo de carne y hueso que tenía era este señor que se ha ido. Siempre buscando como hacer máquinas que hicieran cosas como él quería. Su obsesión de ponerle pedales a todo para poder manipular con más cuidado los materiales a veces me daba un poco de risa, si hubiera querido seguro le hubiera puesto pedales a la cocina.
En estos últimos años varias veces me llegaron las ganas de "aprovechar" al abuelo. Él sabía mucho de carpintería, electrónica, mecánica y otras cosas que siempre he querido conocer a más. Por concentrarme en la escuela o en el trabajo ya no pude acercarme con él y hasta hace unos momentos me lo reprochaba, sin embargo mientras escribo todo esto creo que he estado lo suficientemente cerca para aprenderle lo más importante que todo. La pasión autodidacta.
Gabriel no terminó su primaria pero manejaba conceptos de física y química aplicada como pocas personas que he conocido. Todo su conocimiento se debía a sus ganas de hacer cosas. Si quería que un alambre se soldará de determinada manera buscaba como hacerlo, sí sabía que en algún lugar estaba determinada información iba y la conseguía. Esas ganas de conocer más lo llevaron a romper la brecha digital. Hasta la fecha sigue siendo uno de mis ejemplos cuando se habla de analfabetismo digital por la barrera de la edad. "Mi abuelo usa (usaba) facebook" les digo con orgullo a aquellas personas que argumentan que la gente mayor no puede con las tecnologías.
Es curioso como la mayoría de sus hijos terminaron trabajando de alguna u otra manera en actividades educativas cuando su padre básicamente es el perfecto ejemplo de que no son necesarias, basta con que no le maten a uno las ganas de conocer. Sé que ya no podré aprender de él como cortar madera o manejar las resistencias pero me dejó la mejor de las herencias, la inquietud de buscar por mí mismo como funcionan las cosas y como puedo transformarlas.
En ese sentido me gusta pensar en mi abuelo como un hacker, desarmando cosas y ajustándolas, rompiendo el sistema impuesto por la producción en masa para hacer el trabajo personalizado a su gusto. Ese es el modelo hacker y ese fue mi abuelo que me lo enseñó de forma práctica.
Podría escribir aquí más cosas sobre él pero hay momentos que no quiero compartir con nadie porque son míos y esos los hace especiales. Me siento triste y no podría ser de otra manera cuando una de las personas que mas he admirado se ha ido. Desde el ateísmo no hay algo así como la esperanza del reencuentro en un lugar mejor, pero me siento tranquilo porque sé que ya no sufre y pasó su vida luchando por lo que quería de una forma responsable.
Nunca le dije que lo quise porque siempre he sido un poco torpe para demostrar mi afecto hacia las figuras de autoridad, pero siempre tendrá mi cariño y admiración.
Cierro estas palabras con un poema de Wystan Hugh Auden que expresa lo que siento en este momento.
Funeral Blues
Stop all the clocks, cut off the telephone.
Prevent the dog from barking with a juicy bone,
Silence the pianos and with muffled drum
Bring out the coffin, let the mourners come.
Let aeroplanes circle moaning overhead
Scribbling in the sky the message He is Dead,
Put crêpe bows round the white necks of the public doves,
Let the traffic policemen wear black cotton gloves.
He was my North, my South, my East and West,
My working week and my Sunday rest
My noon, my midnight, my talk, my song;
I thought that love would last forever, I was wrong.
The stars are not wanted now; put out every one,
Pack up the moon and dismantle the sun.
Pour away the ocean and sweep up the wood;
For nothing now can ever come to any good.
Tristeza Fúnebre
Paren todos los relojes, corten el teléfono.
Eviten que el perro ladre con un hueso jugoso,
Callen los pianos y con sordo tambor
Saquen el ataúd, dejen que los dolientes vengan.
Que los aviones circulen gimiendo por lo alto
Garabateando en el cielo el mensaje Él ha muerto.
Pongan moños de crepé en el cuello blanco de las palomas públicas,
Dejen que el agente de tráfico vista sus guantes negros de algodón.
Él era mi Norte, mi Sur, mi Este y Oeste,
Mi semana laboral y mi domingo de descanso
Mi mediodía, mi medianoche, mi habla, mi canción;
Pensaba que el amor duraba por siempre, pero me equivoqué.
Las estrellas no son necesarias ahora, apaguen cada una,
Empaquen la luna y desmonten el sol.
Vacíen el océano y barran la madera;
Nada podrá traer algo bueno por ahora.
Hasta nunca, abuelo.