jueves, septiembre 12, 2013

Paseos ciclistas nocturnos de Guadalajara, los odio

11 de septiembre del 2013

Esta relación solo tiene un objetivo, catarsis. Estoy encabronado y a continuación les comento porque.

Iba caminando con mi hermana después de ir a cenar alrededor de las 11:20 pm por Agustín Yáñez casi esq. Francisco de Quevedo, cuando un contigente de un paseo ciclista pasó a nuestro lado.

En ese momento hablaba por teléfono con mi padre (una disculpa a Ramiro Hernández por no seguir su recomendación) cuando empecé a escuchar gritos por parte de los participantes del paseo. En un primer momento no entendía muy bien de que iba el jaleo pero momentos después observé que los gritos eran para nosotros y el contenido de los mismos iba más o menos en este tono:

- Agárrale la mano.
- Dale un beso.
- Agárrale la nalga.
- Llevátela a parchar.
- Yo te ayudo.

Esos entre los que pude percibir.

Fue tal el volumen de los gritos que decidí colgar a mi padre y seguir caminando más rápido con mi hermana que se reía nerviosamente a mí lado.

Cuando pasó el contingente miré a los policías y encargados del paseo que van hasta el final. Ellos se limitaron a voltear la cabeza hacia otro lado. Al parecer ahí no había pasado nada, o al menos nada diferente a cada uno de los paseos que les toca asistir.

Reflexiones

Los paseos ciclistas surgen ante la necesidad de posicionar en la agenda pública la movilidad no motorizada. La gente decide asistir a esos paseos como una oportunidad de hacer ejercicio y pasar un rato de esparcimiento. Entiendo sus razones, pero ¿por qué chingados tenemos que soportar que nos falten el respeto cuando pasan? ¿Acaso el quemar calorías o no contaminar les da una cuota libre de consecuencias para hacer lo que se les dé la gana?

Es como la historia del perro que se come al gato y el gato que se come al ratón. Los ciclistas sufren el acoso continuo de los automovilistas, pero cuando tienen la oportunidad se ensañan con los peatones. Bonita cosa.

Una de las ideas que se me ocurren al vuelo para que esto no vuelva a ocurrir es seguir las propuestas del decrecimiento. Los problemas con los paseos inician cuando la masa crítica se vuelve masa idiota y como un efecto de bola de nieve, después del primer grito el siguiente lo tiene que superar en “picardía” y arrojo. Se suceden los gritos y la inercia de la masa sigue su curso hasta convertirse en una masiva falta de respeto hacia los peatones. Si se comienzan a hacer paseos en grupos más pequeños es posible que tales muestras se minimicen ante la reducción del anonimato.

Lo más triste del caso es que hace algún tiempo era partidario de esta agenda. Creía en los paseos ciclistas como forma de apropiarse de la "jungla de asfalto" (hipercliché), participé en masas críticas, congresos ciclistas y ciclovías ciudadanas. Usaba mi bici para ir a la universidad y me interesé en formas eficientes para transportarme.

Poco a poco los ciclorreligionarios me fueron perdiendo. Su estrechez de miras y su devoción fanática a la bicicleta como solución a los problemas urbanos me dieron náuseas y me hicieron pensar que más que buscar una respuesta a los problemas de movilidad de las ciudades a ellos les gusta andar en bicicleta y restregárselo a la gente, como las señoras devotas que les gustan que las vean cuando van a misa.

Ciclistas, entiéndanlo, si sus acciones no resultan en una mejor convivencia, no tienen sentido y merecen desaparecer.

Darío Beltrán

@astro_mono