martes, diciembre 31, 2013

Una noche de nostalgia en la Boutique


Son las seis de la tarde y después de ver una foto de un teclado en su página de Facebook, salgo de mi casa en dirección al Studio Live. Al parecer ya terminaron de montar los instrumentos en el escenario y están realizando la sonorización. Cuando veo que solo esta abierta la puerta lateral del lugar y me paso sin preguntar. Después de los saludos y abrazos me encuentro con una sorpresa. Chito estará en los teclados. Suena que esta celebración de 10 años de Boutique va a ser muy interesante.

El tiempo se viene encima y el soundcheck va con retraso. Los muchachos están en break para comer. No los culpo, la gente que viene a conciertos rara vez se da cuenta de lo estresante que puede resultar preparar una presentación y el estómago vacío no ayuda. El Chino discute el sabor de unas enchiladas suizas con Arce, Alex (administradores del lugar) y Ennie (manager del grupo). Mientras los escucho me pregunto a qué sabe Boutique.

Boutique sabe a amores no confesos y a paréntesis involuntarios; a dos años de espera y a noches en que uno se convierte en lluvia para cientos de veces tocarla. Saben a borrachera de tapanco, mítico lugar en el que hace tiempo no estamos y que dentro de sus muros se resume perfectamente el espíritu de una generación. Boutique sabe a juventud y descaro. A ganas de sonar diferente por que hay vida más allá del (mal llamado) rock en español y un estilo nunca es suficiente para sacar toda la angustia adolescente que uno lleva adentro aunque este rayando los 30's.

Fin del break y regresan a los instrumentos. Comienzan a tocar un par de canciones y de repente un montón de recuerdos se agolpan. Ellos han estado ahí cuando los he necesitado. Bueno, no exactamente ellos. Su música sí. Ellos en realidad están regresando del tiempo que se dieron. Necesitaban bajar la inflamación de la convivencia diaria o solo tenían que extrañarse un poco como se extrañan las relaciones psicópatas que plagan sus canciones, esas relaciones de las que vale la pena escribir.

Mientras ellos estaban recuperándose los fans los recordamos con cariño. De un día para otra se acabaron las presentaciones más o menos regulares y solo nos quedaron sus discos guardados en celulares y las ganas de revivir la nostalgia de cuando éramos un poco más jóvenes y las cosas no importaban tanto. Tiempos con más cabello y menos kilos.

Termina el soundcheck y yo decido darme una vuelta por el centro de la ciudad en lo que inicia la presentación. El clima suma a la melancolía mientras paso por una tienda de autoservicio y me compro un chocomilk en cajita para brindar por los buenos tiempos.

Un par de horas después regreso a Studio Live. El ambiente rebosa de expectativa. A pesar de llegar temprano comienzo a ver varias caras conocidas. El lugar comienza a llenarse de gente.

Los buticos llegan uno a uno. Abraham viste un traje gris y cobarta, atuendo que contrasta con el desenfado del resto de los muchachos. Así es el guitarrista; gusta de cuidar de los pequeños detalles, de estresarse porque todo salga bien.

Mientras Dzooms comienza a calentar el lugar con un post-punk coqueto las caras conocidas llegan. Los saludos y abrazos vuelan de aquí por allá. Al poco tiempo las anécdotas comienzan a fluir. No es solamente una reunión de una banda, esto es algo más.

Finalmente llega el momento que estábamos esperando. Boutique se sube al escenario y revienta el lugar con la energía que siempre han desprendido cuando están allá arriba, en ese lugar de donde no debieron de bajar nunca, detrás de sus instrumentos.

La gente ríe y baila. Corean las canciones que tantas veces tararearon a solas e intercambian sonrisas cómplices como si conocieran que al fin este es su espacio, donde no hay extraños porque la música los unió hace tiempo.

El Chino invita a Chito para tocar Color Alcohol y manda saludos a Luis Ma quien antes la cantaba. Luis Adolfo acompaña dramáticamente está balada y Mateo en el bajo hace lo propio. De repente me cae el veinte de porque me gustan tanto estos chamacos.

Boutique llegó en un momento en el que se reiniciaba una pequeña escena musical en la ciudad. Habían pasado muchos años sin que hubiera una propuesta y ya sonaban lejanos los guitarrazos de una banda llamada "La Bruja".

La ruta estándar para buena parte de las bandas de rock en Zamora era tocar covers de esa corriente que llamaron rock en tu idioma y que en el 2003 ya comenzaba a oler a rancio (algunos aún lo hacen).

Estos muchachos decidieron tomar elementos del pop, rock, country, bossa nova, funk y meterlos en una licuadora. Todo esto sumado a letras que visitan lugares encatadoramente inusuales dan como resultado una mezcla que sigue enchinando la piel de muchos por lo atemporal de su sonido.

Al platicar con algunos de los muchachos sobre el futuro de la banda no pude llegar a una conclusión unificada. El futuro para Boutique es incierto pero en los tiempos que corren las certezas son un lujo y por eso vale la pena disfrutar el momento.

La noche sigue con canción tras canción, euforia, gritos. Mientras coreo una de las últimas letras que sonarán en esta presentación pienso que hoy valió la pena. Valió la pena porque por una noche volvimos en el tiempo 8 años. Lo valió porque visitamos ese tapanco donde la fiesta se mezclaba con los besos furtivos y las risas alocadas. Valió la pena porque, al menos por hoy, todos volvimos a ser Boutique.